Del vandalismo al grafiti monumental

TÉKPATL, UNA RESPUESTA COLORIDA

POR ENID ÁLVAREZ SOBERANIS

18:55. Tin, tin. Tin, tin. Mensaje en el celular: Estoy afuera dl sangrons� sentado n la jardinera. Estoy muy cerca ¿Contesto? No. Mejor aprieto el paso… 18:58. Sólo hay un hombre en la susodicha jardinera. Aunque está de espaldas se alcanza a ver ligeramente su perfil: moreno, de barba, estatura baja, trae puesta una gorra beige y una sudadera del mismo color… 18:59. Me acerco, me presiente, él voltea y yo pregunto: ¿Eres Humo? — � Clarín.

Pensé que ibas a llegar más tarde, como me dijiste que venías retrasado.

— � Pues ya ves… ¿A dónde vamos?

Necesito un lugar sin ruido, para poder grabar.

— � Tenemos un chante aquí atrás, si quieres…

¿Aquí atrás de la Torre Mayor?

— � Sí, estamos a tres cuadras.

� Ah, pues está muy cerca. ¿Qué?, ¿nos lanzamos?

— � Sí, pero no te vayas a sacar de onda

¿Por qué?

— � Porque es un edificio tomado por la banda. Gente medio dark, medio punk, medio reggaetoneros, skates, raperos, mucha banda conoce este lugar como el Chanti Ollin, es como la casa del movimiento.

� ¿Un movimiento cultural?

— � Queremos exaltar los valores de la comunidad aunque aquí es medio difícil porque es una zona de oficinas. En realidad esto era como el basurero de la gente que tiene el varo, lo tenían abandonado, entonces la banda con su plan de acción de recicla y reutiliza, pues empezamos a levantar el lugar. Llegó banda de Europa y de otros lugares donde había viajado, y desde el principio tuvimos claro que esto no era una ocupación, sino tratamos que fuera como una fábrica de arte y servicio.

Un movimiento cultural.

— � Una casa en movimiento… Chanti Ollin es la abreviatura porque en sí el cantón se llama Chant iollin la dentrodentomentalización de la cuna de lcallo heteroutopico disicivilizatorio ancina como desde en antes.

Va de nuevo.

— � Chanti-ollin-la-dentro-dento-mentalización-de-la-cuna-del-callo-heteroutopico-disicivilizatorio, o sea, romper con el concepto de civilización actualmente establecido y regresar a lo anterior, a la tradición, a ser gente, a los conceptos de la abuela: saluda, ten respeto por tus mayores, ofrece de comer, aunque no tengas, quítate el taco de la boca para dárselo a alguien más. Y ancina como desde en antes es una reafirmación, es como te hablaba la abuela… Se trata de buscar el bien común de la banda y cada año se celebra el que hayamos entrado.

� ¿Qué día hacen eso?

— � Nos agarra como a medio año, no tenemos una fecha exacta. Se hace una fiesta en todo el edificio, se atasca de gente, se hace tocada de reggae, de surf, hasta abajo tocada de salsa, en el primer piso está el área del hip-hop. Y luego la banda vende comida, pulque y dura toda la noche.

Parece una excelente expresión de la pluralidad, pero ponerse de acuerdo no es fácil.

— � La cabeza es la que arma toda la logística.

� ¿Su cabeza ha funcionado?

— � De repente la colectividad no se puede dar cuando todo mundo tiene una opinión. El experimento ha fallado en un año y en otro. Hubo un tiempo en que teníamos una cocina comunitaria, teníamos calendario y los grupos se alternaban para cocinar, otros iban a la Central de Abastos a talonearle, a cargar bultos. Los que podíamos aportar comprábamos carne, o hacíamos ahí algunos movimientos en el centro comercial como algún cambio de etiquetas: comprábamos dos kilos de carne de pollo y le poníamos la etiqueta de medio pollo, y alguien se guardaba un queso…

Pero hay a quien no se le da la cocina. De pronto oías a una chava: no pus yo cociné pero la banda no se quiso comer lo que hice… pero pus también hay que saber cocinar. No sé, el arroz hervido, ¿qué ciencia puede tener el arroz hervido? ¡y se les quemaba o se les batía! De repente alguien fallaba, ya no cocinaba, y te das cuenta de que no hay constancia, por las actividades, o porque no les agrada tanto…

O porque no se comprometen

— � La mayor parte es eso, que no hay compromiso, de repente sí los ves emocionados pero les dura bien poco, no se someten a una rutina y te salen con un montón de excusas… Muchas cosas ocurrieron así y teníamos que elaborar otro plan, y luego otra vez.

Lo últimos años decidimos que el Chanti Ollin tenía que ser como un cañón, algo que genera un disparo hacia afuera. En ese sentido, nosotros siempre hemos trabajado, no solamente aquí a dos calles, sino que vamos a diferentes estados, delegaciones, municipios, a hacer labor: hay murales que donamos y hay instituciones que nos llaman para hacer el trabajo. Nuestro concepto como grafiteros, ahora ya maduros, se llama grafiti monumental.

� ¿Esto del grafiti monumental es nuevo? ¿les pertenece a ustedes?

— � Sí, el concepto es nuestro. El grafiti monumental toma los conceptos de los grandes muralistas mexicanos y lo combina con la técnica del grafiti. Bien ortodoxo, además, porque no permitimos otra cosa más que el aerosol, no metemos esténciles, ni brochas. El can-control es la esencia del grafiti (can es el bote de aerosol, y control se refiere a controlar la presión del aerosol para hacer una línea tan delgadita, o gruesa, o rellenar, o hacerlo todo con aerosol)

� ¿Por qué monumental?

— � El grafiti monumental, como los monumentos, erige personas o principios que enaltecen el ser mexicano o el ser una mejor persona, o los valores del barrio. Nosotros queremos hacer un monumento pictórico a todo eso, a la señora de los tamales que día con día se pone ahí chambeando y vendiendo los mejores tamales, al señor de la basura… Es hablar de la gente que todos los días hace que el barrio siga funcionando.

Cuando nosotros hicimos un mural para el Museo de Culturas Populares, el curador de la exposición nos dijo: quiero que dibujen a Salma Hayek, Oscar de la Olla, Maximiliano, Carlota, Benito Juárez porque su concepto de la migración y el triunfo eran personas como Salma Hayek, y yo decía ¡no!

En el 2006 crucé la frontera de manera ilegal y me aventé dos noches y un día caminando, y lo que vive la gente es bien pesado: dejas atrás a tu familia, tienes acá el nudo en la garganta; en cambio esa otra gente tenía su varo, sacó su visa, tenía su pasaporte y llegó a Estados Unidos a realizar “el sueño”. Pero la banda que hace grande a ese país ¿dónde está su monumento?…� Hicimos un mural en donde está Tonatiuh, lo que es el sol, el centro del calendario solar, con un ceño medio fruncido y las rallas negras en los pómulos como la pintura de guerra.

De modo que la idea de nuestro trabajo es retratar la señora que todos los días va al mercado, que además se preocupa por lo que haces y opina; en ese sentido creo que los mejores críticos de tu trabajo son las gentes que pasan…

� ¿Qué significa eso, que no te interesa la crítica de arte?

— � No, no, no.

� ¿Qué piensas de ello?

— � Todo empieza desde que traigo una ideología de protesta. Yo no acepto que mi trabajo lo critique quien no es capaz de hacer lo que yo hago.

Mira, si tú tienes tu trabajo en una galería y llega una persona y le preguntas: ¿Cómo ves mi trabajo? Por supuesto que te va a decir chido, me late, o te puede aventar un choro mareador, con unos conceptos acá, bien abstractos, para decir que le gusta, cuando por dentro quizá está pesando lo contrario. Pero todos te van a adular y te van decir que está bien pro. En cambio en la calle cuando tú pintas, pasa el señor y te dice: — Pues� a ver si aprenden a dibujar ¿no? — ¿Por qué? — Pues porque yo soy el que se queda viendo sus chingaderas.

Jajaja

— � A huevo… Lo más honesto está en el calle, y hay gente que no sabe de arte, que no tiene conceptos absurdos en su cabeza, que si lo ve y le gusta, le gustó, y si lo ve y no le gusta, no le gustó, aunque tú le des una explicación: no, mire, lo que yo quiero decir con estas líneas y formas y colores… a él no lo vas a convencer de nada, simplemente no le gusta y te va a mandar al carajo.

� ¿En qué momento sabes que quieres hacer grafiti?

— � En el autobús, viendo cómo hacían esas rayas que son la caligrafía

� ¿Viendo a otros que pintaban?

— � No, yo no veía gente, de repente te subías al camión y ya había una placa ahí, y te quedabas ahí descifrando lo que decía.

� ¿Qué es lo que detona tu conciencia social?

— � La injusticia… En la secundaria tuve maestros bohemios; el de Matemáticas, el de Artísticas, y de Ciencias Naturales se ponían a tocar una rola, se aventaban algo de trova, y uno decía ah chingá, y de repente el de Matemáticas nos decía vayan al cine a ver Rojo Amanecer.� Y salías bien indignado, bien aguitado.

� ¿Consideras que el grafiti ha sido estigmatizado?

— � Ahorita la gente lo ve así, pero antes nadie se daba cuenta, o sea, en el barrio había mucho grafiti pero era más grafiti territorial.

¿Grafiti territorial?

— � Por decir, había pandillas que ponían Los ramones 2-28, o el grafiti de ocasión, que es el que encuentras en los baños.

� ¿Cómo?

— � Como caga feliz / caga contento / pero cabrón / cágate adentro…� O Es una piruja la del puesto 305 atte la del 402, o Chinguen a su madre los de 3º C, pero ése es grafiti de ocasión, el grafiti de las manifestaciones, como el SME con No a la privatización, no quiere decir que seas grafitero.

El grafiti es algo bien complejo porque tiene esas dos vertientes: lo legal y lo ilegal, esto que nosotros hacemos lleva implícita la vida, no te das cuenta de que estás arriesgando, además de tu libertad, tu vida: estás en las vías del tren y de repente, si das un mal paso, agarras la línea de corriente y haces tierra, ahí te quedas, es alta tensión. Cuando nos correteaban y traíamos los testículos de corbata por el miedo, pero no dejabas de correr, ibas de línea en línea y salías por otro anden de otra línea que no sabías ni qué show.

Me quedo pensando en el que pinta y que desborda toda su pasión en un lienzo y que acá la adrenalina se descarga de manera diferente…

— � Conozco mucha banda, y parte de mi banda, le ha dado su vida al grafiti: atropellados, guameados, electrocutados.

� ¿Cuál es la pena por pintar propiedad privada?

— � 150 mil pesos… Ta´ bien cabrón porque es banda que solamente quiere pintar y la neta convivir en la cárcel con personas que no van por lo mismo que tú, que sí van porque se dedican a hacer la maldad, pues te malean adentro.

� Ya hay espacios destinados para el grafiti ¿no?

— � Ésa es la evolución del grafo, lo que haces en dos segundos puedes hacerlo más elaborado. Ahora ya vas y pides una barda y hay gente que te da permiso, o ya nada más por el nombre te respetan, ya hay hasta leyendas dentro del grafiti.

� ¿Cómo cuáles?

— � En Tijuana El genio es un icono del grafiti mexicano, un cuate que dijo ya pinté lo que tenía que pintar y se dejó tragar por el mar. En Guadalajara está un bato, ya no pinta tanto, que le dicen El oran, y ese guey pintaba las catedrales, pintaba las iglesias y firmaba siempre igual: mientras ustedes oran, yo pinto.

Conocí a Chaz Bojorquez, un señor que lleva más de 40 años haciendo grafiti, y que es el padrino del grafiti en Los Ángeles, él decía: un grafitero se considera grafitero después de 10 años de seguir haciendo lo mismo, porque en 10 años cambia tu percepción de la vida, pasas por muchas facetas y si sigues haciendo lo mismo entonces puedes llamarte grafitero. Ya sabes que no es una calentura que te dura dos años, o seis meses, o una semana, como unos chavitos que llegan y pintan y después se vuelven emos, o les late la pacheca y se vuelven como flores o hippies.

� ¿Cuánto llevas grafiteando?

— � Como el quince.

� ¿Eres consciente de que eres una persona reconocida en tu medio?

— � A veces, luego se me olvida.

� ¿Qué piensas de la fama?

— � No sé, es raro, yo nunca pedí ser famoso, yo comencé con el grafiti porque lo veía como un movimiento de lucha, pero en el 97 los chavitos me empezaban a pintar y mucha banda que me conocía y que me hablaba por mi nombre, de repente me decían ¿qué onda Humo?, y para mí era bien raro que me dijeran Humo, o que me pidieran que les firmara la playera. Y de pronto les decía ¿Qué pedo? No hagan eso, porque sentía que eso no era el grafiti, pero después se iba dando más, y luego te das cuenta de que eres mamón si lo haces, y eres mamón si no lo haces.

Hay banda que me pregunta — ¿A poco tú eres el humo? — A veces, carnal. — No, no creo, el Humo ha de ser alto y güero… � Antes sí me molestaba, ahora me da risa. Y puras de telenovela: me inventaron tres hijos, como tres matrimonios, chale, no sé cómo se atreven a hacer eso los morros.

Son 15 años en los que la gente te busca, te reconoce ¿cómo le haces para no perder piso?

— � No dejando el barrio. Yo creo que nunca debes sacar la pata que tienes ahí.

� ¿Por qué Humo?

— � No sé si yo me empecé a hacer como el humo o el humo era como yo: muy disperso, bien inestable, nada tangible. De repente, en mi concepto pachequil, decía: el grafiti es como el humo: si alguien fuma y tú no fumas de repente el humo te chinga y aunque lo quieras correr está ahí, y así existe el grafiti en la ciudad: no te gusta pero ahí está… y te lo tienes que fumar.

� ¿En qué momento el vandalismo se convirtió en arte?

— � Yo lo veo así: el grafiti es la puta de la sociedad. Por un lado hay políticos que te dicen que van a erradicarlo – ahí tienes a Julliani con su Tolerancia Cero, aunque en Nueva York nunca dejó de producirse grafiti –, pero por otro lado, hay políticos ven el poder de convocatoria que tiene el grafiti, y empiezan a organizar eventos en donde a los chavos les regalan aerosoles, playeras y les avientan el choro.

� Políticos que por un lado lo satanizan y por otro lado se cuelgan del movimiento.

— � Ajá… Pero el grafitero pinta porque lo siente, es más algo personal y más puro, que no tuvieron que ir a la escuela para aprender a hacer grafiti, o aprender conceptos de arte: mi comadre es ama de casa y hace grafiti, mi compadre igual, tengo un amigo doctor que hace grafiti, tengo un amigo arquitecto que hace grafiti, tengo un amigo policía motorizado que hace grafiti, y cuando está en su día de descanso él organiza a su banda y se pone a pintar, y no tiene ningún pedo.

La gente común y corriente hace grafiti, y lo hace de corazón porque lo siente, porque tiene necesidad de expresar, de una manera no tradicional, algo, lo que sea, desde poner su nombre, un dibujo, una caricatura, o hasta un mural ya con un concepto de diseño, pero cuando aparecen los promotores de cultura esto les parece un fenómeno, empiezan a estudiarlo, y son ellos los que empiezan a decir que el grafiti es arte, y hay grafiteros que sí tienen el afán de llegar a las galerías… Yo, por mi parte, no me veo como el artista en pos del reconocimiento de los eruditos del arte.

� ¿Cómo te ves?

— � Yo me veo produciendo murales para la gente. Somos tres: Peque, de Guadalajara, el Mibe y yo quienes nos dedicamos a esto, nuestro grupo se llama Tékpatl, pedernal en náhuatl, y somos nosotros los que promovemos el grafiti monumental.

� ¿De quién fue la idea?

— � Pues fue raro porque empezamos con ese afán de hacer murales para la gente y fuimos leyendo y aprendiendo cosas, algo muy autodidacta. Yo no fui a la escuela de arte, ni a aprender artes plásticas, mis maestros fueron los comics, los dibujos animados. Yo tenía un vicio porque como aprendí a dibujar personajes de superhéroes, mis personajes siempre salen bien marcados de los músculos, y tuve que dibujar y dibujar y dibujar…

� Pero cuando hablas de mural ¿no será que estaban pensando en Rivera o Siqueiros?

— � Sí, son nuestra máxima influencia. Rivera, Siqueiros, Orozco, el Dr. Atl, González Camarena, González Camarena yo creo que es el que tiene más influencia sobre nosotros, hay otro que nos interesa: Jesús Helguera… Cuando retomamos a todos ellos estamos pensando en retomar al pueblo y en dejar algo para el pueblo. El trabajo que se tiene que hacer es la concientización de la gente.

� Conciencia social.

— � La reeducación del barrio. Es mostrar cómo la tradición oral, la tradición familiar ha hecho que nosotros podamos crecer con ciertos valores. El gobierno está tan ciego que ni siquiera puede ver que los jóvenes pueden desarrollarse culturalmente, o personalmente, simplemente tocando la guitarra, o el acordeón, o pintando en caballete. El grafiti monumental no solamente es ser aceptados por una sociedad sino muchas cosas más.

� ¿Te parece que a los jóvenes de este país les hacen falta oportunidades?

— � No, les hace falta conciencia… Ser joven es estar en búsqueda de identidad, es buscar tu espacio en el universo, todo mundo lo hace y mucha gente se tarda años, décadas, en saber quién es en realidad. A partir de esas cosas que uno no sabe, que no se halla en ningún lugar, ni en el padrón electoral, y además con medios de comunicación bombardeando estupideces: cuál es el celular más actual, que si tiene música, que si tiene bluetooth, o una bolsa para cargar canicas, desvían la mente de los chavos, no ven lo esencial: una sociedad sin empleo y sin posibilidades de desarrollarte como ser humano, ese vacío en que deja el Estado a la gente, muriéndose en la nada, siendo solamente personas autómatas.

Hay una rola de Rockdrigo González que dice: No tengo tiempo de cambiar mi vida, la máquina me ha vuelto una sombra borrosa. Rockdrigo González es el guía espiritual de nuestro agrupamiento, él en sus canciones, en su palabra, nos ha mostrado desde la cábula del barrio, hasta los problemas de todo el mundo, sus canciones son atemporales — lástima que falleció en el 85: él murió de una sobredosis de cemento…

� Jajaja

— � Todo lo que él dice habla de los problemas que tenemos desde la Revolución Industrial: cómo hemos ido dejando de ser gente por enrolarnos en toda esta máquina que se llama sociedad. Entonces, hay un vacío, hay un no entender de los chavos.

� Te preocupa ese panorama.

— � Claro… Mibe y yo fuimos criados por una mujer con mucho amor, con mucho corazón, a pesar de que crecimos en la calle, de ir a dar a un hospital, de caer maltrechos, inconscientes, de los tiros que nos aventábamos en la calle, pero ningún golpe me dolió tanto como el regaño de mi jefa. Cuando pintaba ilegal, yo llegaba muy contento y le contaba a mi jefa: Mira, jefa, me metí aquí y me metí allá.

Mi jefa no acabó la primaria, bueno sí, aquí en la nocturna, y con sus palabras así bien sencillitas: Está bien, hijo, pero si te agarran ¿yo que voy a hacer?… Huevos… Y dejé de pintar ilegal, o dejé de pintar ilegal donde sabía que había un riesgo muy grande. Cuando hay chance me aviento unas placas o una bomba, pero ya no es arriesgando totalmente mi libertad, y ahora es más cabrón porque tengo a mi hija.

Mucha banda me dice — No pus es que tú ya no pintas ilegal. — Pus sí. — Te tiemblan las chichis. — Pus sí… Pero solo yo sé que dejé de hacer algunas cosas para ser mejor en otras. Porque yo ya me metí a los lugares más locos, pero ahora me quiero meter más allá, no solamente pintar por pintar, ya no es pintar por un nombre, por fama, o por cualquiera de esas pendejadas.

� ¿Ganas bien en tu trabajo?

— � Cuando hay chance de clavarle el colmillo a alguien, pues sí. Nosotros fuimos los que creamos este trabajo en México, no había nadie, no había nada, fuimos los primeros, y estamos abriendo el mercado para la gente que hace grafiti.

¿Iban y ofrecían su trabajo o a qué te refieres?

— No, era pintar por gusto y de repente no faltó el que Píntame unas letras en mi local, y ya que estábamos haciendo las letras, otro camarada Píntame mi bar, y no teníamos un parámetro de cuánto cobrar. Luego te das cuenta de que se reconoce tu trabajo, no sólo los grafiteros sino la gente…

Y te cotizas.

— Pues empiezas a tener una mejor visión de tu potencial porque hay gente que lo malbarata, y eso ha hecho que sea difícil mantenernos porque te salen con que Un cuate me lo hace más barato, pues que te lo haga, pero al rato vas a venir a que yo te lo arregle. O sea, habrá gente que te pinte bien chido pero nadie te va a hacer lo que yo, y no es alardear.

� Si yo viniera a solicitar tus servicios por recomendación, ¿por qué habría de creer que eres el mejor?

— Porque te vas a enamorar de lo que hago.

¿Por qué estás tan seguro?

— Porque gente que viene de otros lados, gente como Chaz Bojorquez, que tienen 40 años grafiteando y que ha viajado a Japón, a la India, por todos lados, viene y nos dice: Lo que ustedes hacen no se hace en ninguna parte del mundo… El Pedro Ramírez Vázquez, el arquitecto que hizo la Basílica de Guadalupe y el Museo Nacional de Antropología, él trabajó con los tres grandes muralistas de México, y que esa persona llegue y nos diga: Si yo los hubiera conocido antes, cuando hice la remodelación del museo de antropología, ustedes hubieran trabajado conmigo creo que es algo, ¿no?

Entonces, me-va-le-ma-dre todo lo que las demás personas puedan decir porque esas dos personas, con esa trayectoria, que han conocido a tanta gente, que lleguen y que nos digan Lo que ustedes hacen, no lo hacen en ningún lugar del mundo, me hace sentirme seguro de que lo que hago no te lo va a hacer nadie.

¿Hacia dónde vas, Humo, hasta donde quieres llegar?

— Cuando me fui a EU terminé pensando que yo no tengo que ir a ningún país a mostrar quién soy. Pensé: Voy a comerme a México desde adentro. Y no es por mí, es por mi trabajo, porque mi trabajo es hablar de mi gente y de mi tierra, es gritarlo en un mural. Es que los mexicanos que lleguen a ver un mural mío se sientan orgullosos de ser mexicanos, no de que yo sea mexicano, y que si lo ven extranjeros se asombren de nuestra identidad.

Generar un sentimiento, creo que eso es lo esencial, y con ello generar una idea en la cabeza de cualquier persona, que sean dos, una persona, no importa… A mí me interesan un buen los chavitos y he dado talleres de grafiti para niños de secundaria. Yo dije: A ver, ¿en dónde empieza el pedo?, ¿en dónde está toda la bronca?, ¿en dónde no sabes ni qué pedo con tu vida? En la secundaria.

En la primaria eres un morro, pero en la secundaria estás queriendo crecer y no dejar de ser y estás ahí como a la mitad. A mí me dio un madrazo ver esa película, y dije a huevo tengo que hacer algo. A mí no me importa platicar con la gente de mi generación, a mí me importan los morros,

� Tú ¿con qué te sientes bien?, ¿qué deseas?

— No sé… Mmm… Yo creo que la estabilidad, más que para mí, para mi familia.

¿Qué te pone triste?

— No alcanzar esa estabilidad y saber que el tiempo se me acaba.

Pues no te lo quito más. Señor, ha sido un placer.

— Señora, cuando quieras.

Mural realizado para el Instituto Politécnico Nacional. Casco de Sto. Tomás.

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